Dependencia al móvil

¿Coges el móvil para mirar algo rápido y acabas perdiendo la noción del tiempo? Esta entrada explora la dependencia al móvil desde la experiencia cotidiana: la dificultad para parar, la evasión del silencio y lo que realmente se pone en juego cuando la pantalla se convierte en refugio.

1/12/20262 min read

¿Te ha pasado que coges el móvil para mirar una cosa rápida y cuando levantas la vista han pasado cuarenta minutos?

No era eso lo que ibas a hacer. Ni siquiera te interesaba tanto el contenido. Pero algo te fue llevando de una cosa a otra, casi sin darte cuenta. Y cuando paras, a veces aparece una sensación rara: cansancio, vacío, irritación, culpa… o nada.

No es falta de control, es otra cosa

La dependencia al móvil no tiene que ver con debilidad ni con vicio. Tiene que ver con cómo gestionamos lo que sentimos.

El móvil ofrece:

  • Distracción inmediata

  • Estímulo constante

  • Evitar el silencio

  • No tener que parar

  • No tener que estar con uno mismo

No es casualidad que cueste tanto soltarlo.

El bucle: estímulo, vacío, más estímulo

El problema no es mirar el móvil. Es cuando se convierte en la respuesta automática a cualquier hueco. Un hueco de tiempo. Un hueco emocional. Un hueco interno. Cuanto más estímulo, menos registro del cuerpo. Cuanto menos cuerpo, más necesidad de estímulo. Y el bucle se repite.

Señales de dependencia

  • Mirar el móvil sin una intención clara

  • Sentir inquietud si no está cerca

  • Usarlo para no pensar o no sentir

  • Dificultad para parar incluso cuando ya no apetece

  • Sensación de vacío o aburrimiento al soltarlo

No es exageración. Es más común de lo que parece.

Entonces, ¿qué se trabaja cuando hay dependencia al móvil?

No se trata de prohibirse el móvil ni de tener más fuerza de voluntad. Eso suele durar poco.

El trabajo pasa por:

  • Recuperar la capacidad de estar sin estímulo

  • Tolerar el aburrimiento, el silencio, la incomodidad

  • Volver al cuerpo y al ritmo propio

  • Detectar qué se evita cuando aparece el impulso

  • Aprender a poner límites reales, no rígidos

Porque cuando algo se usa para no sentir,quitarlo sin más deja un vacío que asusta.

Parar no es perder el tiempo

Quizá el problema no sea el tiempo que pasamos en el móvil, sino qué nos cuesta tanto sostener cuando lo dejamos.

Y eso merece ser mirado.